jueves, 3 de marzo de 2011

Hwaet!

¿Ha sentido alguna vez -mientras aborda el bus- que el trote hasta la parada, el desayuno degustado con prisa, el tropezón en la tercera calle y la lluvia súbita, eran, en realidad, señales de alerta? Posiblemente para cuando alcance su objetivo -si es que esto llega a suceder- le aturda la posibilidad de que cada obstáculo superado fue en realidad un hogar que pudo haber habitado y, en ese caso, entonces, ¿por qué cantar de aquellos que vuelven a Ítaca? ¿Por qué no revivir a los que quedaron en el margen secundario de un carismático soñador? Víctimas, poetas, contadores mecánicos con neumonía, incluso la niña que vende pan de güineo frente a su escuela deben de ser laureadas como si fueran patricios. Propongo un himno a los desterrados, a nosotros, los bienaventurados que jamás seremos héroes.